Protección Solar

La radiación solar es un importante factor natural que determina, en parte, el clima de la tierra y que tiene una influencia fundamental en el medio ambiente. Ahora veremos que la tan temida radiación UV (ultravioleta) que, en contra de lo que se piensa, tiene efectos beneficionsos, puede ser perjudicial sobre los organismos si se exceden los valores considerados tolerables. Aún así la vida existe y opera sobre una banda relativamente extraída del espectro electromagnético, que coincide prácticamente con las radiaciones que pueden atravesar la atmósfera y llegar a la superficie terrestre.
La atmósfera es una importante barrera que nos ofrece una protección natural del efecto nocivo de las radiaciones solares.
 Los rayos invisibles que acompañan la luz a su llegada a la tierra encontramos: los infrarrojos IR y ultravioleta UV.
 La radiación UV (radiación de longitud de onda por debajo de los 350 nm) está compuesta por tres franjas o tipos: los UV tipo A, B y C.
 Radiación UVC: desde 100 a 280 nm, la más dañina biológicamente, pero es absorbida en su totalidad por la capa de ozono.
Radiación UVB: desde 280 a 320 nm, con importados efectos sobre la otra parte nuestra córnea del absorve actuando como filtro.
Radiación UVA: de 320 a 380 nm, puede incidir directamente en piel y ojos en condiciones normales, y es el responsable del bronceado. La córnea y cristalino son los que actúan como filtro ante esta radiación.
 
Los factores más importantes que afectan a los niveles de radiación UV que llegan a la superficie terrestre debemos destacar el ozono atmosférico, que absorbe la mayor parte de la radación UVB de efectos perjudiciales sobre los sistemas biológicos. Por eso el espesor de la capa de ozono depende la radiación UVB que nos llega finalmente.
La altitud es otro factor a tener en cuenta: la radiación UV aumenta en un 6-8% aproximadamente cada 1.000 m ya que la capa atmosférica es de menor espesor
Otros factores son la capa de nubes y la reflexión de la superficie.
Casi todas las estructuras del órgano de la visión pueden sufrir los efectos nocivos de las radiaciones solares, pero especialmente de los rayos ultravioleta del espectro, capaces incluso de actuar en días nublados.
La radiación IR (longitud de onda entre 780 y 2000 nm) Desde hace unos años científicos han comprobado una notable disminución de la capa de ozono en los polos terrestres y en otras latitudes terrestres, estimando que una disminución del 2,5% de la capa de ozono, se corresponde con un aumento del cáncer de piel y de problemas oculares en aproximadamente un 10%.
 
Todo en su justa medida, las radiaciones UV no sólo perjudican, sino que incluso benefician la salud ya que favorecen el crecimiento, aumentando la inmunidad a las enfermedades y la capacidad de resistencia. Pero bien es sabido que su abuso puede llegar a producir serios trastornos.
La exposición intensa y continua a los UV sin la protección necessrària, dará lugar a quemaduras, envejecimiento e incluso cáncer de piel. En las mismas condiciones los trastornos a nivel ocular afectan a la parte anterior y transparente del ojo (córnea) en la conjuntiva (zona blanca) y el cristalino (lente biconvexa interior), estructuras que absorben directamente la radiación.
Los límites de transmisión espectral del ojo humano, abarca entre 310-375nm y 1400nm, aunque la región del UV entre 290-310nm no llega a la retina, sí atraviesa la córnea, produciendo en algunos casos lesiones. La radiación UV que no es detenida por la córnea y llega hasta los cristal.li afecta en mayor medida debido a que al ser una estructura completamente avascular, no posee la capacidad regenerativa que tiene por ejemplo la córnea. Aunque la exposición a la radiación UV haya sido pequeña, los efectos secundarios después de un período de varios años, pueden ser los responsables de procesos degenerativos como pueden ser la opacificación del cristalino, en particular la catarata nuclear.
Por último, en un ojo sano, la retina está protegida de la mayor parte de radiaciones UV gracias a las filtraciones hechas por la córnea y el cristalino, de modo que resulta poco probable que se produzcan daños en esta zona. Aún así no hay que olvidar el caso de personas afáquicas en los que la inexistencia del cristalino aumenta el riesgo de efectos nocivos en la retina.

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